ESTAMBUL (AP). El sueño turco de ganar el mundial de básquetbol en casa propia tiene un último obstáculo: Estados Unidos.
Si hay algo que ya sabe el combinado estadounidense antes de empezar el partido, es que la cancha Sinan Erdem de Estambul, escenario de la final, será una auténtica olla a presión. Y no precisamente a su favor.
Además de la pelea por el título, el mundial baja el telón el domingo con otros dos encuentros atractivos: España y Argentina se medirán por la quinta plaza, mientras que Lituania y Serbia pelearán el bronce.
Turquía y Estados Unidos han demostrado ser las selecciones más regulares y potentes del campeonato. Las dos están invictas en ocho partidos y ahora es el momento de coronar a la más fuerte.
Para Turquía, la final es la primera de su historia. Para Estados Unidos, supondría recuperar un título que no gana desde 1994 y, de paso, ejercer un dominio absoluto del básquetbol internacional, como campeón olímpico y del mundo.
Ese dominio ha sido muy cuestionado en los últimos años por la pujanza de selecciones como España, Argentina, Grecia y Serbia.
"Estamos muy orgullosos de los partidos que hemos disputado en este torneo y de ser uno de los dos equipos que luchará por la medalla (de oro)", señaló el técnico Mike Krzyzewski.
Estados Unidos se presentó en Turquía con el bautizado como "Equipo B", sin ninguno de los jugadores que conquistaron el oro olímpico en Beijing 2008. Sin embargo, de la mano de un inspirado Kevin Durant, la selección estadounidense se ha plantado en la final invicta y transmitiendo buenas sensaciones.
Fue precisamente Durant, con sus 38 puntos, el principal artífice del triunfo de Estados Unidos sobre Lituania. El alero del Thunder de Oklahoma dio un verdadero recital en los primeros 10 minutos, al encestar 17 de los 23 puntos del equipo en ese cuarto, y permitió a Estados Unidos disponer de una cómoda ventaja de más de 10 unidades nada más comenzar el encuentro.
"Cuando vimos a Durant, sabíamos que iba a ser una de esas noches especiales", explicó Krzyzewski. "Hasta los compañeros le pedían que siguiera tirando".
El partido llegó al descanso 42-27 a favor de Estados Unidos, que al iniciar el tercer parcial amplió la brecha a 19 puntos. Pero Lituania no se dio por vencida. En apenas dos minutos, anotó tres triples, forzó errores del rival con una agresiva defensa en zona y redujo la desventaja a sólo 10.
Sin embargo, Lamar Odom, que anotó 13 puntos y capturó 10 rebotes, la buena defensa de Russel Westbrook y, sobre todo, los aciertos de Durant impidieron a Lituania acercarse en el marcador en el último parcial. Ocho puntos de Durant restablecieron la ventaja y sentenciaron el encuentro.
"Estábamos 19 puntos arriba, pero Lituania demostró que es un equipo con corazón", dijo Krzyzewski. "Sin embargo, supimos capear el temporal. Otros equipos como España, Francia o Argentina no pudieron", recordó, en alusión a las victorias de Lituania sobre estas tres selecciones.
Si la victoria es casi una obligación para Estados Unidos, para Turquía es una cuestión de estado.
El emotivo triunfo de los anfitriones el sábado no sólo revolucionó a los 15.000 aficionados que abarrotaban el Sinan Erdem, sino que sacó a la calle a cientos de personas que hacían sonar las bocinas de sus vehículos mientras ondeaban con orgullo banderas de su país.
Turquía acabó llevándose un partido muy igualado que llegó a tener perdido.
Cuando restaban cuatro segundos para la conclusión, Serbia ganaba 82-81. Después de un tiempo muerto y cuando la suerte parecía echada, Turquía logró hilvanar una jugada de pizarra perfecta que permitió a Tunceri encarar el aro en solitario y sumar los dos puntos que definieron el choque en un final memorable.
"Era el partido más importante de nuestra historia. Es la primera vez que estamos aquí", dijo el héroe local Tunceri. "Estamos muy felices, pero ahora debemos centrarnos en la final".
El mundial finaliza con otros dos partidos: la final de consolación por el bronce entre Lituania y Serbia y un atractivo España-Argentina por el quinto puesto.
Estas dos selecciones reeditarán las semifinales del mundial de Japón 2006, en que se impuso España.
"Tenemos que jugar con España como si fuese una final", aseguró el base argentino Pablo Prigioni. "No tiene que ser lo mismo para nosotros terminar quintos que sextos".
FUENTE: Agencia AP