PYEONGCHANG, Corea del Sur (AP) — Marit Bjoergen ha logrado una proeza difícil de igualar.
La noruega de 37 años jamás encontró desafíos el domingo para conquistar su octavo oro olímpico de por vida y su 15ta presea en general desde Salt Lake City 2002.
“Cuando miro atrás y veo lo que he hecho me parece increíble”, dijo Bjoergen, quien rompió a llorar después de la competición. “Ha sido una carrera fantástica para mí. Son mis últimos Juegos Olímpicos, y terminar así es increíble”.
Bjoergen logró cinco medallas en Pyeongchang, más que cualquier otro deportista.
Nunca hubo duda sobre su triunfo del domingo.
Bjoergen tomó la ventaja aproximadamente a los dos kilómetros y no hizo sino estirarla. Con siete kilómetros restantes, se había adelantado tanto que se perdió de la vista de Teresa Stadlober, quien marchaba segunda y, sin referente, dio una vuelta equivocada, a la derecha y no a la izquierda.
Para el momento en que la austriaca enderezó el camino, se había rezagado al octavo puesto, lejos de las preseas.
“No sé qué me pasó, seguí el camino erróneo”, dijo Stadlober con una risa avergonzada. “Y lo hice dos veces. No sé por qué tomé el camino equivocado. Estoy triste de que me haya pasado hoy, porque estaba teniendo un buen día”.
Finalizó novena.
La sueca Stina Nillsson comentó que desconocía dónde estaba Stadlober. Se mostró sorprendida al enterarse de que había obtenido el bronce.
“Pensé que yo estaba peleando por el cuarto lugar”, dijo Nilsson. “Hay una gran diferencia entre ser cuarta y obtener la medalla de bronce”.
FUENTE: STEVE REED (Associated Press)