EDINA, Minnesota, EE.UU. (AP). Lorena Ochoa hace que todo parezca fácil. En cinco meses ha logrado lo que muchas golfistas no consiguen ni en cinco años.
Pero la realidad es que este año ha sido difícil para la estrella de 26 años.
Luego de su sexta victoria, debió retirarse del torneo Ginn Tribute, cuando su tío falleció en México. Regresó al McDonald's LPGA Championship para seguir buscando un Grand Slam, pero se quedó a un golpe de meterse al desempate por el trofeo.
Además, en cuanto abandonó el campo se enteró de que su abuelo materno había fallecido también.
El abuelo de Ochoa estaba enfermo desde hacía tiempo, pero la golfista se imaginó que volvería a verlo, pues se ausentaría de su país sólo una semana. Jorge Reyes falleció en su casa, en Guadalajara, donde la familia solía reunirse para ver por televisión cómo la mexicana se iba convirtiendo en la mejor jugadora del mundo.
"Realmente nunca le dije adiós... así que esto fue muy duro", reveló el martes. "El era mi alegría y mi motivación".
Sus ojos se le llenaron de lágrimas mientras hablaba, y no le rodaron por las mejillas sólo porque Ochoa comenzó a parpadear más rápidamente, tratando de contener sus emociones.
Con todo, su tiro de salida parece más potente que nunca, y aunque sus putts le costaron la derrota en Rochester, Nueva York y en el LPGA Championship, Ochoa sigue trabajando en sus golpes cortos. En eso se asemeja a Tiger Woods: Nunca está plenamente satisfecha con su juego.
La parte más difícil es ahora el concentrarse pese a los fallecimientos que han afectado a su familia.
"Las últimas semanas han sido difíciles para mí", expresó. "Juego una semana y después no juego. Ha sido algo intermitente, y creo que es importante meterme en ritmo, concentrarme en el campo y estar lista para jugar. Es una buena oportunidad estar aquí en el Abierto de Estados Unidos".
"Estoy al 100% y realmente quiero darme una oportunidad de ganar el torneo el domingo".
Esta podría ser la prueba más difícil que haya enfrentado la mexicana en todo el año.
El Abierto de Estados Unidos comienza el jueves en Interlachen, un campo en los suburbios de Minneapolis, fundado hace casi un siglo y famoso por el triunfo de Bobby Jones, quien conquistó aquí el US Open para hombres en 1930, antes de ganar el Grand Slam.
Los Greens son pequeños y difíciles, la mayoría elevados y con perímetros escarpados. Aquí, incluso a tres metros del hoyo, meter la pelota con dos putts es una hazaña.
A Ochoa, este torneo no le trae precisamente recuerdos gratos.
El año pasado, parecía encaminada a ganar su primer major, hasta que no pudo encontrar el fairway en los últimos seis hoyos. El triunfo fue para la estadounidense Cristie Kerr.
Hace tres años, en Cherry Hills, la mexicana desperdició un estupendo desempeño en la última ronda al errar su salida al 18, poniendo la pelota en el agua y haciendo un cuádruple bogey, en ocho golpes, para quedar a cuatro de la punta.
Pero tal como trata de hacer con las tragedias en su vida personal, Ochoa intentará olvidarse de las derrotas pasadas.
Se le preguntó cuál campo la había frustrado más, si Cherry Hills o Pine Needles. Antes de que pudiera traducir la pregunta en su mente, la mexicana meneó la cabeza, para expulsar el recuerdo.
"Estoy bien", aseguró.
FUENTE: Agencia AP