HARRISON, Nueva Jersey, EE.UU. (AP). Aquellos tiempos en los que los partidos de la MLS se disputaban en estadios inmensos con un puñado de aficionados arrinconados en un sector o con las rayas de fútbol americano a la vista ya han quedado en el baúl de los recuerdos.
"Es como estar en un estadio de Europa", dijo Juan Pablo Angel, el delantero que es el referente de los Red Bulls, el equipo cuyo dueño es la empresa austríaca que fabrica la bebida energética.
Fue la espontánea reacción del jugador colombiano al encontrarse con todos los lujos y facilidades de un recinto que tuvo una inversión de 200 millones de dólares, uno que desde la distancia da la impresión que se parece a una nave espacial.
Tal vez los jacuzzi podrían ser lo más atrayente para los jugadores. En el caso de los aficionados, la proximidad al terreno de juego deberá ser su delicia. La hilera más alejada del campo será la 17.
Y el campo es de césped natural en vez del artificial del viejo Giants Stadium.
La capacidad del estadio es para sólo 25.000 espectadores, un tercio de los que cabían en el Giants Stadium. Uno de los aspectos más llamativos es el techo, una estructura que cubrirá cada asiento y permitirá que los aficionados puedan seguir un partido sin mojarse cuando llueva.
El que el aforo sea reducido es por deseo propio de la liga y sus clubes, ávidos de tener un ambiente intenso durante los 90 minutos de juego.
Se trata de un panorama muy diferente con respecto a 1996, el año en el que la MLS levantó su telón y los clubes hacían de inquilinos en estadios que no se ajustaban a sus necesidades.
En una apuesta a su futuro, la liga le puso énfasis a estadios exclusivos de fútbol. El Red Bull Arena es el octavo que se inaugura tras los de Columbus en Ohio (1999); Carson, California (2003); Frisco en Texas (2005); Bridgeview en Illinois (2006); Commerce City, en Colorado (2007); Toronto (2007); y Sandy, Utah (2008).
El club de Filadelfia que debuta esta temporada abrirá las puertas del suyo en el suburbio de Chester a mediados de este año y los Wizards de Kansas City tendrán listo el suyo en 2011. Portland y Vancouver son las futuras sedes de equipos y lo harán en estadios renovados.
Houston, Nueva Inglaterra, San José y el D.C. United de Washington ponderan sus propios proyectos. Seattle es el único que no contempla nada, ya que su primer año en la liga fue un gran éxito al agotar las entradas en el Qwest Field, 36.000 por partido.
"Esta es una muestra de que la liga está aquí para siempre", dijo Nelson Rodríguez, el vicepresidente de operaciones internacionales de la MLS. "Significa que se echan raíces en la comunidad. Los estadios se convierten en la casa de un equipo".
Tener estadio propio implica gozar de facultades que antes no se tenían y apuntalar las finanzas de los clubes.
Los Red Bulls, por ejemplo, se veían obligados a esperar detrás de conciertos de rock y circos para saber las fechas en las que podían usar el Giants Stadium.
Ahora pueden elegir las fechas y, completamente al revés del anterior arreglo, además pueden quedarse con todos los ingresos por la venta de comida y bebidas.
Y esto es particularmente esencial para los Red Bulls, un club que nunca ha ganado el campeonato de liga y que el año pasado tocó fondo con su asistencia promedio de 12.491 aficionados.
"Creo que esto va a cambiar la perspectiva que se tiene del fútbol en esta región", afirmó Angel. "Es un sencillamente imponente".
FUENTE: Agencia AP