El primer gol de la temporada de Julián Álvarez, a los 14 segundos de la segunda parte, acudió al rescate del Atlético de Madrid en la tercera fecha de la Champions League, hasta entonces desnortado en Stuttgart, pero reactivado y relanzado después, hasta la justa roja directa a Hjulmand y la convicción posterior de que el empate era un resultado muy válido.
Siempre tenso Simeone, no le gustó nada el partido de inicio. Todos sus temores se conjugaron en un primer cuarto de hora tan inquietante como estresante para él y sus jugadores, reducidos por la intensidad, la presión y el ímpetu del conjunto alemán. Un suplicio. Y un laberinto para el Atlético, sin salida ni precisión, con más horizonte que su campo propio.
¿Un indicio de reacción? No lo fue. Pubill metió la pata. Se equivocó en la conducción dentro del área, más aún cuando enfrente está un rival que vive al acecho, en cualquier lugar y en cualquier momento. El balón quedó en Lewelling. Su recurso técnico por la espalda y su remate con la izquierda, envenenado por el rebote en Hjulmand, fue el 1-0.
Era el minuto 36, nada extraño dentro del desarrollo del partido, entre el entusiasmo, la aplicación y la fuerza del Stuttgart; muy por encima del Atlético, que se encontró con otro partido desde el 1-0. El equipo alemán fue otro, menos aventurado en la presión, más replegado y protegido, fruto de la ventaja. Fue diferente, atestiguado por un tiro de Hancko, una incursión de Jonathan David y otra de Julián Álvarez antes del descanso, aún por debajo de las expectativas y la exigencia, con la segunda parte como único remedio.
La anotación de Julián Álvarez en la Champions League
A los 14 segundos del inicio de la segunda parte, cambiado Jonathan David por Lookman, empató el Atlético. El pase fue del nigeriano, el toque con la izquierda incontestable, muy difícil y decisivo fue de Julián Álvarez. Un remate perfecto en el área. El empate. El grito del delantero argentino fue una descarga de rabia y euforia. Lo necesitaba. Él y su equipo.
FUENTE: EFE